sábado, noviembre 13, 2004

Mienteme otra vez...

Mentir no es nada agradable. Al fin y al cabo, a quién le gusta mentir a los que quiere? ¿Quién quiere mentirle a su padre o a su madre cuando hace algo malo?

Nadie, pero lo hacemos.

En parte, muchas veces, porque creemos simplemente que con una mentira les taparemos los ojos, protegiéndolos de lo que más odiamos nosotros, en parte porque nos da verguenza que sepan lo bajos que podemos llegar a ser, y en parte por miedo.

Muchas veces, en el caso del cúmulo de la jauría de la sociedad, el miedo es lo que impulsa a la mentira, pero en aquellas personas que por el azar, o símplemente por las circunstancias se han desligado del resto de la manada, terminan mintiendo por las otras causas.

Estas, son las mal llamadas mentiras piadosas...

Pero creedme, no existen mentiras piadosas, no existen mentiras buenas. Después de ellas, solo queda dolor, desolación y el sentimiento de la traición.

¿Por qué toda esta reflexión sobre las mentiras?

Facil, yo fuí una persona que sabía manipular a la gente en base a suficiente adulación y un tanto de mentira, por lo tanto se puede decir que se me da bien, por desgracia, mentir a las personas.

Ultimamente, noto que miento muy facilmente sin que se me note a esa persona.

Le dije que eligiese lo que eligiese, que jamás me perdería...

Vaya mentira que solté, no me la creo ni yo, y ella se dió muy por satisfecha.

La única verdad es que jamás podré ser SOLO su amigo, no lo permitiré. Después de haber saboreado el paraiso durante tan corto tiempo con ella, no puedo desandar el camino, no puedo ir y hacerme amigo, porque la verdad, no deseo ser amigo de ella.

Esto es así porque si fuera su amigo, ya jamás podría tener nada con ella... la tendría que perder para siempre, y por eso no pienso ser su amigo, lo único que me queda, es dictar una actitud glacial, como la que usaba antaño y seguir las tradiciones de los árabes.

Dejaré de comer donde coma ella, jamás vovleré a comer bajo el mismo techo en el que coma ella, dejaré de mirarla, y sobre todo, dejaré de hablarla si no me habla primero. Esa es mi glacial indiferencia.

Por eso siento que le he mentido, por eso me duele, porque probablemente contará tenerme cuando se encuentre mal, pero no encontrará brazos para sujetarla... no quiero ser otra vez el amigo eterno, el personaje secundario que no "moja", parafraseando a Mafalda, "Que paren esta historia, que yo me bajo"

Por ahora, y por más que me duela no verla, por más que me duela no escuchar su voz o ver su preciosa sonrisa, esos finos labios que cuando sonrien, a pesar de abrise, siguen cerrados por el centro. Esa preciosa risa y esas miradas...

Por más que me pese, ya no la tocaré... y echaré de menos sus caricias en mis manos, que era lo que más le gustaba de mí... sigo sin entender por qué lo hizo, ni porque tuvo que terminar la cosa así, pero mucho menos entiendo, que me lo ocultara, dandome el gran dolor de sentirme traicionado.

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