Existen puertas que hay que cruzar, decisiones que tomar, y vidas que vivir.
La vida, en esencia misma, es una continua decisión entre varias cosas. Un día decides teírte el pelo, el otro día cortartelo, y así, vamos trazando unas delgadas líneas que conforman nuestra personalidad y nuestras maneras de ser poco a poco.
Mientras uno se entrena con las pequeñas decisiones, se va preparando para las decisiones importantes que luego habrá de tomar, la carrera, la persona amada, los hijos...
El problema está cuando no quieres tomar una decisión y lo que haces es aplazar las cosas, cuando te dedicas a huir de las decisiones y de lo que realmente importa, la lucha diaria que ha de sostener cada uno. Entonces, empiezas a parasitar la vida, huyendo de una decisión a otra, y así terminas dejando las cosas incompletas, a mitad y olvidadas de la mano de Dios.
Yo nunca he huido una decisión o una pelea, he vivido según mis creencias y tengo que decir que he decidido no arrepentirme de mis decisiones, a pesar de que reconozco, que me equivoque al callarme aquel día.
lunes, noviembre 15, 2004
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